Pontevedra e boa vila, da de beber a quen pasa

Este fragmento de canción popular se puede leer alrededor de una antigua fuente de hierro, en la plaza de Curros Enriquez, justo donde pasa el Camino de Santiago.
Recorrer la zona vieja de Pontevedra es viajar por el pasado, por tiempos históricos y por mi niñez, cuando mi amiga Margarita vivia en la calle Sarmiento. La ventana de su habitación se abría a la Plaza de la Leña con su famaso crucero. Sí, es esa pequeña ventana que está casi al ras del suelo, muy cerca de la entrada del museo. Allí dormia los días de fiesta y juntas soñábamos con nuestros principes imaginarios.

Aparte de recorrer la orilla del río Lérez, me gusta pasear por sus calles y cada día descubro cosas nuevas que en aquel entonces no sabía apreciar. Es una ciudad entrañable donde la distancia no existe.
Todo está cerca. Todos los espacios te pertenecen. Las grandes casas de piedra labrada, con sus importantes escudos, nos revelan aquellos tiempos donde la burguesía era poderosa y dominaba la ciudad.
Muchos años atrás, cada domingo al medio día, nadie faltaba a la cita en la Plaza de la Herrería con sus niños. El paseo de los jóvenes por la Calle de la Oliva era indispensable para conocerse. Cuando el muchacho que te gustaba te miraba con sus deseos reprimidos, la cara se incendiaba y el cuerpo se estremecía.
"Juventud divino tesoro" dijo Gustavo Adolfo Becquer
Ángeles Ruibal, Pontevedra, Galicia, España



