Esta es Pontevedra, mi tierra natal, en la Galicia querida, en mi España

Cuando me fui de Pontevedra a Madrid, fue una difícil prueba, pues tuve que aprender a desprenderme de fuertes lazos familiares y de su verde paisaje manchado de flores silvestres, que solía recoger en cada primavera. Mis añoranzas las fui consolando gracias a los cantos gallegos que aprendí de niña. Los nostálgicos Alalás me traían a mi tierra.
“Quen me dera en Lobeira,
Quen en Lobeira me dera,
Quen me dera en Lobeira,
lobeiriña, miña terra”.
Para mí, mi pueblo se llamaba Lobeira, aunque en realidad es San Andrés de Xeve. El canto me acercaba a mi aldea.
Hoy, después de haber recorrido el mundo, vuelvo a Galicia donde los afectos y paisajes siguen impactándome. Volver a caminar por Pontevedra y admirar sus calles, sus plazas, su ría, sus mercados, ha sido para mí un reencuentro lleno de emociones. Su arquitectura llena de historia, nos traslada a tiempos pasados y llenos de misterio.
El viejo puente de piedra que atraviesa el río Lérez y te indica el camino a Santiago de Compostela, o el de Poio, que te acerca a las playas de arenas blancas, te invitan a que vuelvas. Se hicieron otros puentes, pero estos dos están en mi pasado.
Las viejas iglesias vestidas de líquenes verdosos y grises, hoy, casi ausentes de fieles, dominan altivas su grandeza. Esta es mi tierra…



